«Este avión cuesta más de lo que vas a ganar en tres vidas, mugroso. Quítate de mi camino.»

Esas fueron las palabras exactas que me tiró esa mujer en la pista del aeropuerto.
Llegó vestida de blanco impecable, con su cartera carísima y unos tacones que sonaban como si fuera la dueña del mundo. Yo solo estaba ahí parado, con mi overol azul manchado de grasa, mirando el motor del avión privado.
Para ella, yo no era nadie. Solo un pobre diablo que no merecía ni respirar su mismo aire.
—¿Buscando trabajo o admirando lo que jamás vas a poder pagar? —me soltó con una sonrisita burlona.
Yo no le levanté la voz. Solo la miré a los ojos y le dije con calma:
—El dinero compra el avión privado, señorita… pero no la clase.
Eso le dolió en el alma. Se puso roja del coraje, se me acercó y me metió un empujón tan fuerte en el pecho que casi me hace caer.
—¡Largo de aquí antes de que llame a seguridad! —me gritó furiosa antes de meterse directo a las oficinas de la empresa.
Ella no tenía ni la menor idea de lo que acababa de hacer.
Iba para la entrevista más importante de su vida: el puesto de Vicepresidenta de Operaciones en mi aerolínea. Sí, en MI empresa.
Esperé unos diez minutos para que se acomodara en la sala de juntas, convencida de que el puesto era suyo.
Me sequé las manos con un trapo sucio, dejé el overol puesto y caminé hacia la oficina del jefe. Cuando abrí esa puerta y me senté en la silla del dueño, la cara de esa mujer se transformó por completo… pero lo que pasó después nadie se lo esperaba.
Continuación en los comentarios.
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