Hace seis meses enterré a mi esposa. O al menos eso fue lo que me hicieron creer cuando me entregaron un ataúd cerrado y un papel del hospital diciendo que no había sobrevivido al choque.

El dolor casi me vuelve loco. Me encerré en el trabajo para no pensar, sintiendo que la vida ya no tenía ningún sentido sin ella. Pero hoy, saliendo de una junta, una mujer con la ropa rota y los pies llenos de tierra se atravesó frente a mi carro gritando Leer más